Friday, September 11, 2009

Ficción "La figurita"

Carlitos vivía a la vuelta de mi casa. Tenía una de esas bicicletas modernas que venían con asiento de acompañante, inflador portátil, y luces por todos lados. Mi bici era más modesta, pero yo amaba la canasta que me servía para llevar mis juguetes por todos lados. Y además mi bici era color rosa.
Esa tarde mamá me había pedido que compre dos sachets de leche en el almacén de la esquina. Yo practiqué un buen rato mientras andaba en la bici, la palabra ¨sachet¨. Tenía miedo que no me salga, y hacer un papelón
-sachet, sachet, sachet- repetía por dentro.
Llegué al almacén, estacioné la bici fuera, y entré. Había que sacar número. A mi lado esperando estaba Juana la señora del Kiosco, estaba Fermín el portero de mi edificio, Cacho el de la panadería, y varias señoras de mi edificio, que siempre hablaban con mi mamá pero no me acuerdo sus nombres.
Me saludaron todos, y Juana me contó mientras esperábamos nuestro turno, que habían llegado las nuevas figuritas. Era un álbum de deportes, y hasta me dijo que había algunas figuritas de ciclistas, y me explico que esos eran los que andaban en bicicleta y competían para ver quien llegaba más rápido a la meta y así ganaban. Me contó que además de medallas, ganaban mucha plata.
Se me ocurrió que iba a hacer ciclista, y que mi primer competencia sería con Carlitos, en realidad porque no conocía a nadie en la cuadra que tuviese bici salvo él.
Llamaron el número 28, y me di cuenta que era el mío cuando ya habían pasado al 29. Es que estaba muy concentrada pensando ¨sachet¨ mientras me imaginaba pedaleando muy fuerte y ganándole a Carlitos. Después del 29 le pedí a Ramón, el almacenero, que me atienda porque yo tenía el número pasado, y le dije que necesitaba leche
-¿Cuánto queres de leche?-
- Bueno mi mama me dijo que le pida dos SasSassaschets! –
-¿Dos litros entonces Manuela? –
-Bueno no sé…ella me dijo, dos de esos que ya le dije-
-Si si es lo mismo Manuelita, tomá, son dos pesos.-
Volví a subirme a mi bici, y pedalee bien fuerte hasta mi edificio, deje la bici afuera, y subí hasta mi departamento. Grité bien fuerte.
Mami te traje la leche!-
La deje arriba de la mesa, y volví a la calle, donde mi bici estaba estacionada. Me subí y comencé a pedalear, dando vueltas a la manzana.

Carlitos estaba en el Kiosco, lo vi cuando pase en una de mis vueltas. Decidí ir a ver qué estaba haciendo. Estaba comprándose las nuevas figuritas.
- Yo también quiero un paquete –
-Son 20 centavos –
- Me los puede anotar Juana, porque ahora no tengo –
Y Juana que sabía que mama cada tanto bajaba a comprar sus cigarrillos anotó los 20 centavos de mi primer paquete de figuritas de deportes. Lo abrí rápidamente, estaba emocionada, pensando qué me tocaría, y para mi sorpresa eran tres figuritas de fútbol, y una de basquetbol. Carlitos que estaba al lado mío, me mostró las suyas. Tenía, una de fútbol, dos de voleibol, y tenía una de una ¡bicicleta! Como me había dicho Juana, eso se llamaba ciclismo, y le expliqué a Carlitos lo que ella me había contado hacía un rato.
No me quiso creer, me dijo que lo había inventado, que las bicicletas eran para salir a pasear y jugar y nada más. Me dijo que yo era una mentirosa.
-Carlitos, vamos a preguntarle a tu papa, y si yo te dije la verdad, vos me das tu figurita del ciclismo, y si vos tenias razón, yo te doy todas las mías. -
Así nos fuimos los dos al departamento de Carlitos. Tocamos la puerta, se escuchaban ruidos de ollas del otro lado. Al ratito volvimos a tocar, nos abrió la mamá, lucía cansada y tenía puesto un delantal de cocina todo manchado.
-¿Chicos que hacen acá? ¿Por qué no van a jugar afuera? Yo estoy cocinando…no los puedo atender.-
-Mamá, ¿Cuando llega papá?-
-No sé Carlitos ¿Por qué no te llevas a tu amiguita a andar en bici…eh? Vayan que a mí se me hace tarde, y quiero que este todo listo para cuando llegue tu padre.-
-Sí, pero mamá… ¿Cuándo llega papá? ¡Le tenemos que hacer una pregunta!
-Bueno Carlitos decime a mí, porque no sé cuándo va a llegar.-
-No mama, a vos no podemos, porque vos no sabes.-
-Bueno Señora, es que hicimos una apuesta y es que yo le dije a Carlitos que andar en bicicleta es un deporte que se llama ciclismo y que se compite para llegar a la meta más rápido, y ahí te dan un montón de plata. -
-Ah sí, sí Carlitos, Manuelita tiene razón, hay un deporte que yo he visto en la televisión, es más hay una carrera famosa que se hace en Francia en bicicleta.-
-No mamá ¡Cállate! ¡Vos no sabes nada! ¡Hasta que no venga papá yo no les creo nada a ustedes dos!
-Bueno chicos, vayan a jugar afuera, cuando llegue tu papá yo los voy a buscar Carlitos, anda…dale, haceme el favor, que si no, no termino.-

Carlitos, salió del departamento corriendo y yo lo seguí. Nos quedamos sentados los dos afuera del edificio, cuidando nuestras bicis mientras esperábamos a su papá.
Se hizo de noche, y fui a avisarle a mi mama que estaba en lo de Carlitos para que no se preocupara. Mis papás no eran amigos de los papás de Carlitos, yo no sabía por qué. Aunque siempre que se encontraban por el barrio se saludaban y se quedaban conversando un ratito. Creo que hablaban casi siempre de los maestros del colegio, de la directora, de la reunión de padres, y cosas por el estilo.
Llego el papá de Carlitos, lo vimos venir en el auto, entrando al estacionamiento. Nos metimos cuando el portón estaba abierto detrás de él corriendo como dos locos por la rampa. Tocó la bocina, estacionó y se bajó. Nos dijo que no volviéramos a hacer eso nunca más que era peligroso. En realidad se lo dijo sólo a Carlitos, porque a mí nunca me miró. Carlitos le pidió perdón, y le preguntó si era verdad que existía el ciclismo. El papá de Carlitos se acomodó los anteojos, tomó su portafolio del baúl.
– Nena, es tarde ¿Por qué no te vas a tu casa?
-Pero papá, me tenés que contestar la pregunta, porque necesitamos saber quién tiene razón-
- ¿Quien tiene razón sobre qué? Carlitos déjate de embromar, subí a lavarte las manos, y vos andate a tu casa. –
Me lo dijo con ojos tan severos que no tuve más remedio que saludar a Carlitos, e irme pedaleando fuerte a mi casa. Pero no sin antes escuchar, al papá, que le decía en voz baja
-Carlitos, las mujeres nunca tienen la razón, nunca-

Durante esa semana sólo me saludaba al llegar a la escuela, pero ya no jugaba conmigo y mis amigos a la mancha cadena, o al poli ladrón en los recreos. Se iba con sus amigos al otro patio y jugaban fútbol.
En la clase, la maestra muchas veces lo retaba por no prestar atención. Lo hacía pasar al frente a dar lección o contestar preguntas, pero Carlitos, nunca hablaba. Levantaba los hombros, con gesto de desgano y arrogancia. Yo había escuchado que los papas habían tenido que ir a hablar con la directora, para firmar el libro de mala conducta. Me daba pena Carlitos, porque era un buen amigo, y extrañaba andar juntos por la cuadra en bicicleta.
El mes siguiente al empezar la primavera, nuestro grado organizó el día del amigo invisible. Ese día me levante más temprano que de costumbre y fui a verla a Juana, le compré dos chupetines con chicle de uva, y un caramelo gordo masticable de limón.
A la tarde, puse un chupetín con chicle de uva en la mochila de Anastasia, la compañera que me había tocado por sorteo. Después del recreo la maestra nos dio diez minutos para encontrar y abrir nuestros regalos.
En mi mochila no había ningún paquete, en mi guardapolvo de actividades prácticas tampoco. Se me ocurrió mirar debajo de mi escritorio, donde siempre ponía mis libros, y ahí la encontré, un poco arrugada pero brillando como nunca, la figurita del ciclista.

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