El auto estaba sucio, lleno de viejos recibos, envolturas de hamburguesas, de helados, y caramelos. El asiento trasero parecía un basurero, pero a él no le molestaba. Estacionó en el primer espacio que encontró en el shopping. Era el cumpleaños de su hermana, y necesitaba comprarle un regalo.
Entró a una lencería, es que la vidriera se veía atractiva, y salió del local con una bolsa con moño gigante llena de bombachas. Empezó a caminar hacia el estacionamiento y se le ocurrió que quizás ese no era un regalo apropiado para una hermana, pero ya lo había pagado y además estaba casi llegando al auto. Decidió dejar la bolsa de bombachas en el baúl y volver al shopping para ver si encontraba otro regalo.
Primero pasó por la sección de librerías, y decidió seguir de largo porque había demasiados libros y solo disponía de 30 minutos más. Pasó después por el sector de los zapatos, vio unos que le parecieron muy originales, pero como no se acordaba el talle de su hermana, decidió no arriesgarse. Luego llegó hasta la sección de la ropa femenina de una gran tienda, y compró una camisa blanca con pintitas amarillas, que pensó hacia juego con la ropita que solía usar siempre su sobrina. En otra tienda encontró unos pantalones negros, que estaban de oferta y también los compró. Caminando nuevamente hacia el estacionamiento, se encontró con una amiga de su hermana. Pensó en mostrarle los regalos para ver que le parecían, pero ella andaba muy apurada y apenas si lo saludó.
Cuarenta minutos después estaba tocando el timbre del departamento donde la homenajeada vivía con su marido y su única hija. Pasaron cinco minutos, volvió a tocar. Apoyó su oreja contra la puerta, que estaba fría y no pudo oir nada. Esta vez golpeó la puerta con un puñetazo fuerte, y sintió el calor de la sangre saliendo por sus nudillos. Pasaron diez minutos y decidió irse. Pasaría por una guardia para que le vieran la mano, le dolía, pero por suerte ya no sangraba.
A pocas cuadras estaba el hospital del barrio, le dieron dos puntos.
Llegó a su casa cansado, con la mano vendada, y con tres bolsas de regalos. Se sentó en el sillón de su pequeño living, prendió la televisión, respiró profundo y sintió el dolor que subía por sus dedos, pasaba por su hombro y se instalaba en su corazón.
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