Mañana es la reunión. Vienen todos los ejecutivos de planta de Canadá. Estuve revisando los números con el contador, y parece que esta todo en orden. Necesito que esto salga bien, he puesto demasiado dinero y expectativas en este proyecto.
El año que viene Mariana empieza la universidad y según mis cálculos tengo que incrementar en un cuarto mis ingresos para poder pagarla. Es que mis hijos merecen una buena educación. Eso es algo prioritario para mi mujer, y por supuesto para mí también.
Los cuatro asisten a colegios privados, y entre los materiales, los libros y los viajes de estudio, su educación es realmente un presupuesto. Los dos más chicos todavía están en la primaria, por suerte.
Con mi mujer muchas veces nos imaginamos como hubiese sido nuestra vida sin ellos. A veces nos vemos en una casa en la playa, con caipiriñas en la mano, otras viajando por Europa recorriendo todos los museos de arte.
A los dos nos gusta mucho la pintura. En casa tenemos varios cuadros, esos de lamina, que no serán originales, pero mismo dejan apreciarse. Los compró ella en los giftshops del Louvre y del Guggenheim. El año que viene voy a ir, es que no he podido tomarme vacaciones.
Anoche hablando con ella, le comenté sobre mis nervios por la reunión de mañana. Me dijo que pase lo que pase, ella me va a querer igual. Creo que por eso la elegí, porque es tan comprensiva. Además, de que se ve genial con jeans cuando viene y mejor cuando se va. Hace dieciocho años que estamos casados, y todavía mantiene la figura. No puedo decir lo mismo de mí. Es que no tengo tiempo. Aparte por mi trabajo tengo demasiadas comidas, y reuniones, y compromisos que no puedo evadir. Debo confesar también que me gusta mucho el whisky.
Creo que me va a costar dormirme esta noche, estoy ansioso pensando en mañana. Le voy a pedir a Marcela, así se llama mi mujer, que me dé una de esas pastillitas que ella se toma.
Tocaron la puerta.
Suena el teléfono.
Quizás le pida el frasco entero.
Loved it!
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